Pérdida de colágeno: cuándo ocurre y cómo prevenirlo
¿Sabías que entre los 25 y 30 años empezamos a perder un 1% de colágeno anualmente? Este proceso se acelera a partir de los 40 años, por lo que se aconseja actuar tanto preservando el colágeno remanente como estimulando la producción de nuevo. Y eso es posible (en parte) con buenos hábitos diarios. Aunque la estética avanzada y la medicina estética también puede hacerlo –los inductores de colágeno en forma de inyectables y radiofrecuencia como INDIBA, son algunas de las grandes novedades en este terreno–, es necesario llevar a cabo ciertas prácticas cotidianas para prevenir esa degradación.
Tal y como os recomendamos en Le Blanc, “los buenos hábitos hacen realmente la diferencia, por eso antes de cualquier tratamiento siempre intentamos reeducar a las clientas en ese sentido para obtener resultados óptimos”.
¿A qué edad comienza la pérdida de colágeno?
Cuando preguntamos a los expertos por la edad exacta en la que se ralentiza la producción de colágeno, coinciden en que sucede cuando dejamos de crecer y comienza el envejecimiento, a partir de los 24 años. En esa etapa, aunque los efectos no son visibles externamente, el envejecimiento interno ya ha comenzado.
La buena noticia es que este proceso no depende exclusivamente de la genética. Si bien esta influye en un 25% en el envejecimiento de la piel, el otro 75% está determinado por la epigenética, es decir, nuestros hábitos y el entorno en el que vivimos. Esto significa que podemos influir de manera significativa en la salud y apariencia de nuestra piel adoptando una rutina adecuada de cuidados.
Qué es el colágeno y cómo influye en la juventud de la piel
El colágeno es la proteína más abundante en el cuerpo humano y se produce gracias a la acción de unas células llamadas fibroblastos. Su función principal es la de crear y mantener las estructuras de los tejidos que forman el organismo, generando fibras resistentes, fuertes y flexibles conocidas como fibras de colágeno. Estas fibras unen los tejidos conectivos como los tendones, músculos o la piel y se ven afectadas a medida que envejecemos, ya que el metabolismo celular dérmico se vuelve cada vez más lento, influyendo en la velocidad de la síntesis de colágeno.
Sabemos que la disminución del colágeno, junto con la pérdida de elastina (proteína esencial en la piel encargada de aportar elasticidad) y la deshidratación cutánea, son tres de los factores clave que influyen en el envejecimiento de la piel.
Cuestión de buenos hábitos
La naturaleza manda, pero solo en parte. Si bien es cierto que la capacidad de producir colágeno no es igual a los 30 años que en la menopausia –en este caso siempre irá en descenso–, la edad no es el único factor determinante en la tasa de producción y/o pérdida de colágeno. Es ahí cuando los buenos hábitos entran en juego:
#1. Reducir la exposición solar y usar SPF a diario
La radiación ultravioleta afecta a la producción de colágeno en la piel, debido a la oxidación que producen los rayos UV favoreciendo la rápida destrucción de colágeno y la disminución de su producción. Es importante el uso de fotoprotección adecuada.

#2. Infusiones de té verde y jengibre
El consumo diario de agua e infusiones es esencial para aumentar el ácido hialurónico nativo de la piel. Infusiones antioxidantes y antiinflamatorias como el té verde y el jengibre son altamente recomendables. En la cultura asiática, el consumo de fitoestrógenos junto con una protección solar estricta ha mostrado beneficios visibles en la piel.
#3. Alimentos ricos en colágeno
Esta proteína se encuentra en carnes, pescados como el atún y el salmón, lácteos, frutos secos y alimentos ricos en vitamina C como tomates, fresas, naranjas y pimientos.
#4. Reducir el consumo de grasas y azúcares
Los alimentos procesados afectan la producción de colágeno y elastina debido a su bajo contenido nutricional y su impacto negativo en la piel.
#5. Evitar la falta de hidratación
No solo mediante productos cosméticos, sino también manteniendo una buena hidratación interna y controlando la humedad ambiental.
#6. Evitar el consumo de tabaco y alcohol
Ambos deterioran las fibras de colágeno, afectando la oxigenación y nutrición de las células cutáneas.
#7. Fomentar las relaciones sociales
Sí, las relaciones sociales también favorecen el buen funcionamiento de la piel y de las fibroblastos que generan colágeno. Así nos lo explica Marie Hélène Lair, directora de comunicación científica de Clarins. “Todo tiene que ver con la epigenética. En resumen, el 85% de los signos de la edad están directamente vinculados a nuestro estilo de vida. Adoptando un estilo saludable podemos ser los ‘pilotos’ de nuestro envejecimiento, ya que solo el 15% está ligado a la herencia genética. Los cinco pilares de esa forma de vida sana son: alimentación, optimismo, manejo del estrés, práctica deportiva y relaciones sociales positivas”. Al fin y al cabo, las buenas relaciones con amigos y familiares son momentos de disfrute que nos alejan del estrés y, por tanto, se reduce el estrés oxidativo y la posibilidad de que esa microagresión altere el buen funcionamientos de las células de nuestro cuerpo.
#8. Masajes diarios
Los fibroblastos responden al estrés mecánico de los masajes generando colágeno de mejor calidad. Movimientos controlados de presión y torsión pueden activar la producción de esta proteína esencial.
En definitiva, podemos decir que mantener una piel joven y saludable no es solo cuestión de genética, sino de buenos hábitos y cuidados diarios. En Le Blanc, tu centro de estética de confianza, te ayudamos a optimizar tu rutina de belleza y a elegir los mejores tratamientos para potenciar la producción de colágeno, asegurando una piel radiante y firme a lo largo del tiempo.